“Los Balcanes nos mostraron cómo acaban estas cosas: no queremos que aquello se repita”

Este argumento parte de la idea de que todo conflicto que tenga que ver con la cuestión nacional desembocará en una guerra civil y la posterior limpieza étnica, pero los puntos de comparación entre el conflicto de los Balcanes y el de Catalunya y España son mínimos.

Históricamente los Balcanes son un cruce de caminos entre los imperios otomano, ruso y austrohúngaro. Conviven varias religiones —el catolicismo, el cristianismo ortodoxo, el Islam… — y otras minorías numerosas, como el pueblo roma (gitano). Y mientras hay zonas con más presencia de una nacionalidad, cultura o religión que otras, todas se mezclan; hay pueblos y ciudades con diferentes mayorías y minorías muy cerca las unas de las otras. Por ello, los intentos de crear en los Balcanes estados-nación más o menos homogéneos siempre han comportado guerra y limpieza étnica.

El caso catalán es diferente. No hace mucho El País informó de una encuesta de la población de Catalunya que demostraba que sólo el 3% se sentía únicamente español; otro 5% se sentía “más español que catalán”; el 90% se sentía tanto o más catalán que español. En breve, estas cifras demuestran que en Catalunya existe un fuerte sentimiento de pertenencia al país, que no entra en contradicción con el sentimiento bastante extendido de identidad española.

En los últimos años, Catalunya ha pasado a ser un país mucho más diverso, con muchas personas de diferentes partes del mundo, tanto de otros países europeos como de todos los continentes. Esto ha hecho crecer la riqueza cultural del país pero de ninguna manera ha supuesto una fractura social.

En Catalunya hoy, la mayoría de las personas tienen identidades plurales —se combinan sentimientos nacionales de Catalunya, de España y de un centenar largo de otros países del mundo— pero hay un grado elevado de consenso sobre el hecho de que vivimos en Catalunya.

La tragedia de los Balcanes fue producto de un complejo mosaico de identidades nacionales, enfrentadas por culpa de políticos sin escrúpulos.

Un desenlace bélico aquí no es nada probable. Para que sea imposible del todo, hay que dejar de dar vía libre a los políticos sin escrúpulos y abrir un diálogo sobre cómo responder a las demandas democráticas de la población de Catalunya.

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